CARTA DE AMOR A UNA HERMOSA GITANA
Un río de sangre, un mar de sangre
es este beso estrellado sobre tus labios.
(Vicente Aleixandre)
Zulma, te escribo estos versos ensangrentados
desde la más terrible prisión del Perú,
quiero que los leas eternamente vestida de novia,
con tus ojos de llamaradas y diamantes
al pie del altar de nuestros sueños.
Hermosa gitana,
te escribo desde la trinchera de los muertos
a esta hora en que salen a vagar
los fantasmas de los combatientes.
Quiero que sepas amor mío
que ser poeta en este país demente
y sangrar desesperadamente por la vida
es ser perseguido, proscrito, presidiario
y condenado a la hoguera.
Paga el Perú con la cárcel
a Quijote enamorado,
amó a los hombres, amó a la golondrina, amó a la luna
y sobre todos los dioses te amó a ti,
ebria y bella hasta el delirio,
hoy me entierran en vida por amar la vida
y bajo la lluvia de balas y cadáveres
te sigo amando aún.
Zulma, es madrugada en la prisión,
hierve la hoguera de la historia,
tal vez jamás vuelvas a verme con vida,
es de poetas morir de crepúsculos,
pero no llores pequeño ángel,
amaste a un poeta,
es decir, amaste a todos los hombres de la tierra
y no hay historia de amor más bella que la nuestra.
Y si me extravío en la oscuridad de la muerte
búscame en los ojos de todos los niños tristes del mundo,
en ellos seguiré viviendo,
un abrazo a nuestros sueños,
un beso a los hijos que nunca tuvimos
y te dejo estos versos
eternamente rebeldes como nuestro amor,
se divulgarán por todo el mundo
y serán traducidos a otros idiomas tus besos,
preciosa gitana. Eternamente tuyo.
Muertas las siemprevivas,
enfermas las rejas del presidio,
llueven cadenas perpetuas sobre los muchachos,
metralla y muerte
sobre la espalda del hijo del hombre,
pero nuestros labios desollados
entonan aún las baladas de aquellos locos días
cuando el corazón era un gitano
y Liza tenía los ojos azules.
Muchacha,
todas las noches
la muerte se desnuda en mi lecho
y arroja su fétido aliento a mi rostro,
mientras la poseo le hablo de ti,
le cuento de ti, la embellezco de ti.
Afuera la metralla aulla enloquecida,
tiempos duros estos
para cantar la gloria de las muchachas hermosas,
el amor ha sido arrasado por los tanques
y la rosa encarcelada por los nuevos dispositivos
antiterroristas,
ahora cualquier metáfora puede costarnos la vida.
Zulma,
leí tu carta desde la bahía de San Francisco,
sentí tu besos y se rompieron mis cadenas,
de mano en mano tus perfumadas líneas
inflamaron el corazón de los muchachos.
¿Díganme pequeños fiscales y jueces perecederos
podrá ser prisionero un hombre intensamente amado?
Hermosa muchacha,
tatuada en la demente memoria de los siglos,
tu amor ha inundado esta mañana la prisión,
mandos políticos y militares
me preguntan por la dulzura de tus ojos
y el poderío bélico de tus besos.
Negra del alma,
mientras los poetas peruanos
se masturban en las cantinas
y se arrastran como mujerzuelas ante el poder,
aquí la historia baila ebria
sin calzón y sin corpiño,
loca de amor buscando un hombre nuevo,
aquí la poesía
vomita sangre y se le caen a pedazos los pulmones,
la muerte danza con pasos de ballet.
Zulma,
la otra tarde aquí en la prisión
a la hora en que la nostalgia
ataca con picos de botella a los prisioneros,
me preguntaron los muchachos lisiados por la guerra,
¿poeta, por qué no escribe Ud. sobre los campos de batalla
versos como fusiles vomitando fuego,
versos como el horror de los estudiantes hallados en las fosas,
versos como el dolor de tantos inocentes
pudriéndose en las cárceles del Perú,
poeta, por qué no escribe Ud. versos como... ?
Entiéndanlo amantes del próximo siglo,
ni la explosión de un coche bomba
ni la catástrofe de Tarata
es más terrible que la dulzura de su amor.
Perdón, muchachos, que os habéis jugado la vida,
qué más puede el poeta
sino escribir al amor aún en la horca.
Niñas hermosas, que leáis estos versos
escritos desde el infierno
quiero que sepan
que el poeta escribió bajo la metralla
para que la rosa siga perfumando vuestros sueños,
recordadme algún día
a la hora en que los jóvenes piratas
se lanzen al abordaje de vuestros cuerpos.
Zulma,
he descendido al infierno
y escribo estos versos
sólo por ceñir un laurel en tu frente,
sé que leerás mi carta
hasta calcinarte los ojos,
sé que serás valiente
porque sólo de valientes es vivir grandes amores.
No llores gitana,
nos tocó vivir una época terrible,
pero un amor bello como los sueños
de los que ya partieron.